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lunes, septiembre 20, 2021

EINA, medio siglo de la Bauhaus catalana

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EN mil novecientos sesenta y siete se creó en Barna una escuela de diseño que cambiaría la manera de meditar y de enfrentarse al oficio de muchos jóvenes de la temporada. Se llamó EINA y entre sus creadores estaban Román Gubern, Albert Ràfols-Casamada o bien su mujer Maria Gerona, que imprimieron un aire de modernidad cuando la modernidad había que inventarla. EINA nació como escisión de la Escuela Elisava, que en aquel momento era solo para chicas. Al maestro Gubern se le ocurrió proyectar The Innocents, de Jack Clayton -con guion de Truman Capote y William Archibald-, una película prohibida por la censura. Siendo despedido, colegas como Xavier Miserachs o bien Pep Alemany decidieron posicionarse: o bien Gubern era reaceptado o bien se iban. Debieron irse. Cada creador aportó mil pesetas y arrendaron el Palau Sentmenat de Pedralbes para embarcarse en una revuelta (secundada por pupilos) que cumple ahora cincuenta años.

Por la escuela y estudio de diseño han pasado profesores como Miguel Milá o bien Federico Correa. A lo largo de años, los alegatos de inauguración de los cursos corrieron al cargo de Alexandre Ciciri (y más adelante de Bohigas), cuyo ejemplo a continuar era el espíritu de la Bauhaus. Relacionada siempre y en toda circunstancia con la vanguardia, referente de lo políticamente incorrecto, EINA se caracterizó por ser una escuela fuera de lo usual, trasmitir espíritu crítico y prestar singular atención al fallo, a lo que a priori carece de relevancia.Eina

Referente de lo políticamente incorrecto, EINA se caracterizó por ser una escuela fuera de lo usual

Para festejar este medio siglo de vida, Poldó Pomés ha efectuado el reportaje EINA, L’Esperit contemporani, que se proyectó en el Museu del Disseny el pasado trece de marzo. Poldo Pomés, que ha retratado a figuras determinantes como Miguel Milá o bien Juan Antonio Coderch, ve EINA como “una escuela que no da soluciones, alienta a buscarlas”. Pupilos como Beth Galí o bien Antoni Arola, y profesores como Mariscal o bien Artigau mantienen la relevancia de esta escuela como motor en el despertar de inquietudes.

Oriol Pibernat, ex- pupilo, ex- maestro y directivo de EINA entre mil novecientos noventa y nueve y dos mil dieciseis, define de esta manera el espíritu de este pequeño templo del diseño y su aprendizaje: «El diseño barcelonés y catalán -y una buena parte del de España- es imposible de explicar sin EINA: una plataforma de encuentro de profesionales del diseño y ámbitos de la cultura y el arte; una confluencia de gente del teatro, fotografía, arquitectura, filosofía o bien ciencias sociales que ha marcado estilo en diseño editorial, en moblaje urbano, en interiorismo. A esta escuela no le debe atemorizar el discute, ni la discrepancia. No debe abandonar a ser contemporáneo; de tu tiempo, mas con el disconformodidad justo para poder meditar en lo que viene. EINA ocupa una situación excéntrica en el panorama cultural y lo que no debe hacer es estimar ser ‘normal”.

Otro ex- pupilo, Juli Capella, arquitecto técnico y cronista, la contempla como «Un faro distanciado de la urbe donde hallabas a los mejores artistas, arquitectos, enredadores. Esa concentración de talento era alucinante para alguien joven que discutía de tú a tú con ellos, por el hecho de que en EINA se rompían las reglas».

Y es que se sabe: nada hay más revolucionario que tener buen gusto.

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